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viernes, 13 de enero de 2012

Sentada en su cama, rodeada de cientos de recuerdos. Cientos de recuerdos felices. Cientos de recuerdos en los que aparece él. Coge otra foto, sí, recuerda aquel día en el que él decidió hacer algo especial y la llevó a cenar a un sitio bonito, en plan americano, con un vestido bonito y un mayordomo que les atendiera durante toda la noche. No se puede ni imaginar cuánto le costó aquello, pero sabe bien que estuvo ahorrando tanto tiempo. "Todo sea por verte sonreír", le dijo, "y por un beso tuyo", añadió risueño. Ella se lo dió sin pensarselo dos veces. Deja la fotografía en otro montón, y vuelve a coger otra. Ahí acaban de empezar a salir, no llevaban ni dos semanas juntos... Se les ve tan felices, tan ilusionados, tan enamorados. Puede leer en sus sonrisas todos y cada uno de los te quiero que le dedicó a lo largo de toda su relación. Suspira, y esta foto también la deja con el resto. Suspira, intentando hallar el por qué. ¿Por qué tuvo que terminar todo así de mal? ¿En qué se había equivocado? Coge otra foto. Esa foto, en particular, le encanta. Se la hicieron a la mañana siguiente de pasar su primera noche juntos. Radiantes, relajados, felices. La luz matinal y el blanco de las sábanas y paredes de aquella luminosa habitación. Él no lleva camiseta, y la rodea con sus brazos desnudos tapándole un precioso sujetador azul añil especial para aquella ocasión. Ella sujeta los fuertes brazos que la rodean, intentando liberarse a la vez de que se asegura de que no la suelten. Ríe mientras él besa su cuello y el flash se dispara. Le dio tanto. Le dio todo. Y un día simplemente todo cambió. Él desapareció de su vida de un momento a otro, y ahora tiene que aprender a vivir sin el hombre que la hizo sentir mujer, sin el hombre que la hizo realmente feliz. Lleva su mano a su rostro, en un intento de ahogar un profundo y dolorido sollozo mientras todavía sujeta esa hermosa foto con su otra mano.



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